Ante la nueva Ley Electoral Española
Las elecciones Generales del 20-N por
primera vez no van a ser tan “democráticas” como los defensores de la
Constitución y de este sistema parlamentario democrático nos quieren vender. El
motivo es la nueva ley electoral aprobada en enero de 2011 con los votos de
PSOE, PP, CiU y PNV, por la que se establecen una serie de impedimentos para que
los partidos políticos sin representación parlamentaria puedan concurrir a las
elecciones. El motivo esgrimido es el coste que suponen las papeletas, espacios
electorales y otros gastos derivados de la participación de los partidos que no
obtienen representación parlamentaria, que en las últimas elecciones generales
fueron 88.
Con
esta medida impiden que concurran a las elecciones partidos que representan
diversas inquietudes e ideologías más allá de la corriente dominante
bienpensante, y que en conjunto en 2008 obtuvieron 686.360 votos, el 2,72% del
total, y en 2004 un total de 837.737 votos, el 3,58%. Resulta vergonzoso que los
que se llenan la boca con palabras como ‘democracia’, ‘respeto’,
'participación', ‘igualdad ante la ley’ o ‘tolerancia’ hayan realizado esta
jugada para quitarse de en medio a partidos incómodos, extravagantes o que
recogen el voto de la gente descontenta con el sistema bipartidista.
Si estos partidos pequeños supusiesen un peligro para sus intereses podríamos
entender esta medida, pues la casta política parasitaria siempre tiende a
proteger sus intereses y al sistema que han montado, pero este no es el caso ya
que su importancia es muy poco significativa actualmente. Esto no es sino una
simple muestra de su actitud antidemocrática y prepotente, y nos permite ver
como son en realidad estos partidos y políticos profesionales cuando se quitan
su careta de supuestos demócratas, violando el principio de la libre
concurrencia electoral, frenando el pluralismo y consolidando el bipartidismo.
En concreto la reforma electoral aprobada establece que: "Los partidos,
federaciones o coaliciones que no hubieran obtenido representación en ninguna de
las Cámaras en la anterior convocatoria de elecciones necesitarán la firma, al
menos, del 0,1% de los electores inscritos en el censo electoral de la
circunscripción por la que pretendan su elección". Y añade que "ningún
elector podrá prestar su firma a más de una candidatura".
Eso significa que 88 de los 98 partidos o coaliciones que presentaron listas en
las elecciones generales de 2008 no podrán concurrir a los comicios del próximo
20 de noviembre a menos que antes recojan las firmas del 0,1% de los electores
de cada circunscripción, ya que ninguna de esas 88 formaciones obtuvo entonces
representación parlamentaria. Lo mismo se aplica para las nuevas formaciones
políticas que quieran presentarse.
Pero las trabas a los partidos minoritarios van mucho más allá, ya que para
recoger estas firmas sólo se dispone de 20 días. Ese plazo empezó a contar el 27
de septiembre, coincidiendo con la publicación en el Boletín Oficial del Estado
del decreto de convocatoria de las elecciones. Y aún hay más: una vez recogidas
las firmas en cada una de las circunscripciones en las que presenten
candidaturas, los partidos deberán llevarlas a un notario para que éste avale su
autenticidad. Finalmente, las firmas serán registradas en la Junta Electoral
Central.
Esto supone que en circunscripciones como Madrid o Barcelona haya que presentar
unas 5.000 firmas, y para presentarse en todo el territorio nacional serian algo
más de 35.000 firmas las necesarias, lo que supone un despliegue de medios y
recursos económicos fuera del alcance de la mayoría de los pequeños partidos.
Las “agrupaciones de electores”, fórmula utilizada en ocasiones por el entorno
de HB-Batasuna, lo tienen aun más difícil ya que se las pide que presenten la
firma del 1% de los inscritos en el censo electoral de la circunscripción.
Por si no tenían ya bastantes desventajas a la hora de presentarse a las
elecciones, pues los partidos con representación cuentan con financiación
pública y los demás no, ahora los partidos sin representación se encontrarán con
una barrera más que en muchos casos les impedirá presentar candidatura. Cabe
preguntarse, ¿Con qué argumentos partidos tan cargados de privilegios como PSOE,
PP, CiU y el PNV establecen barreras para impedir presentarse a otras
formaciones políticas? ¿Es eso lo que entienden por su democracia y por igualdad
ante la ley? ¿Tanto miedo tienen los grandes partidos a que los votantes
dispongan de otras opciones? No sirve el argumento de que así se ahorra dinero
en papeletas. Más dinero gastan los grandes partidos repartiéndose cuantiosas
partidas del erario allí donde llegan al poder. Al final, más que la democracia
que nos venden parece que sea un régimen electoral maniatado por los grandes
partidos.
Entendemos que esta reforma es totalmente contraria a esa sagrada Constitución
que tanto dicen defender, y por tanto debería ser denunciada como
anticonstitucional por los afectados ante el Tribunal Constitucional, al suponer
una clara violación de las libertades y la pluralidad política, y si los jueces
por una vez no fuesen siervos del poder tendría que ser derogada de inmediato.
Ante esta injusta reforma de la Ley Electoral, desde nuestro humilde site vamos
a propugnar el voto nulo mediante nuestras papeletas ‘especiales’,
que se pueden
descargar aquí, en aquellas
circunscripciones donde no se presenten partidos decentes de corte patriótico,
ya que entendemos que estas elecciones deberían ser declaradas nulas ante la
imposibilidad de de concurrir sin una clara desventaja para los partidos
minoritarios. El voto nulo, a diferencia del voto en blanco, se queda en la
primera fase del recuento y sólo se cuenta como voto emitido, pero no entra a
fastidiar a nadie con el reparto de porcentajes. No fastidia a ninguno de los
que quieren jugar a la farsa electoral, y no lo hace porque ni siquiera juega,
rompe las reglas, no las acepta, y lleva así por tanto implícito el mensaje de
protesta. Es una especie de abstención, pero es activa y clara y no se confunde
con la desidia o el pasotismo, expresa una discrepancia formal con las normas,
con la manera de hacer de la clase política y en definitiva con el sistema que
gobierna.
Por lo demás el circo electoral será el mismo de siempre, promesas y más
promesas, descalificaciones e insultos, malos modos y escándalos destapados a
última hora. Lo que con certeza no dirán los partidos con posibilidades de
resultar electos son las duras medidas de ajuste que tendrán que realizar para
cumplir los requisitos impuestos por entidades foráneas como el Banco Central
Europeo, el FMI o los recaditos mandados por Obama o su sucesor.