Las Olimpiadas de 1936 y Jesse Owens
Algunos de nuestros lectores ya ni se acordaran de las ultimas olimpiadas en Pekin, sin embargo unas muy conocidas son las de Berlin en 1936 sobre las que hay que hacer algunas breves reflexiones al respecto, dada las historias falsas mil veces repetidas que han circulado sobre la misma
Tras las de Pekin, la primero es constatar que una vez más se puesto de manifiesto las grandes diferencias que existen entre las razas. Cada raza se decanta por alguna especialidad y los israelíes demuestran el poco interés que siempre han tenido por el deporte. Israel únicamente obtuvo una medalla y de bronce frente a las 25 de Cuba, 27 de Corea del Sur o las 6 de Jamaica. Mencionaremos como curiosidad que uno de los atletas -negros- de este último país, se llamaba Percival Spencer.
Otro
tema digno de mención es la unánime crítica hacia los organizadores. Se
criticó a Hitler que utilizase las Olimpiadas como vehículo de propaganda,
pero ahora la base es la propaganda y en segundo término el deporte. El Sr.
Samaranch aseguro -al menos eso podía leerse en "La Vanguardia"- que nunca
volvería a darse la organización de una Olimpiada a una empresa privada.
Aseguro que la mejor solución es la organización mixta que, -eso no lo dijo el
Sr. Samarach-, consiste en que la empresa privada paga y los políticos
organizan. En todo caso cabría preguntar al Sr. Samaranch que pasaría caso de
que la organización realizada por un gobierno también tuviera fallos.
¿Suprimirían quizás las Olimpiadas? De hecho los fallos de organización fueron
mínimos. AI menos no transcendieron a los que veíamos los juegos por la
televisión. Se criticaron duramente unos pocos fallos que fueron
sobredimensionados.
Sin embargo cada cual debería hacer la siguiente reflexión: ¿Se veria uno capaz de organizar unos juegos desde el área privada? ¿Se vería capaz desde la pública? AI menos yo tengo clara la respuesta. Desde una empresa privada me vería totalmente incapaz de organizar unas olimpiadas, pero desde la administración no me importaría en absoluto ya que tendría a mi disposición fondos ilimitados y la posibilidad de expropiar lo que quisiera. Si comparamos unas olimpiadas dignas como las de Atlanta que no han costado nada al contribuyente y otras, como las de Barcelona que se acabaran de pagar dentro de 15 años, cada cual puede sacar sus propias conclusiones. También con motivo de la retrasmisión de la final de la Copa Federación de Tenis desde Atlantic City, -septiembre 1996- los locutores de TV no dudaron en criticar reiteradamente algunos fallos en la televisión local que retransmitía el evento, no escatimando críticas, aunque los aludidos fallos eran comprensibles debido a la falta de práctica en retransmisiones internacionales de las televisiones americanas. Pero lo curioso es que las críticas vinieran de los locutores de TVE cuyo organismo tiene concedida para 1997 una subvención de quince mil millones de pesetas y acumula una deuda de doscientos setenta mil millones. Posiblemente la televisión local que retransmitió la prueba desde Atlantic City había subsanado los fallos de haber contado con una subvención multimillonaria.
Otro punto que conviene recordar en cada olimpiada es que la ceremonia de la antorcha, emblemática e imprescindible hoy, fue realizada por primera vez en el III Reich y puede verse, perfectamente filmada, en el primera parte de "Olimpia" de Leni Riefensthal, que pese a ser un documental que casi todo el mundo conoce de referencias, sigue sin ser posible su adquisición en establecimientos especializados.
Mientras la prensa aireaba los pequeños fallos organizativos sobredimensionándolos, apenas trascendió que algunos atletas españoles rehusaron recepciones del Comité Olímpico Español debido a la falta de apoyo que tienen. El Estado se ha querido otorgar parte del éxito por media de las ridículas subvenciones que otorga a los deportistas olímpicos. En definitiva las medallas españolas fueron conseguidas en deportes de segunda categoría y en esos casos debido al esfuerzo de los propios participantes y cuando fueron adquiridas en deportes de los grandes, como ciclismo o tenis, lo fueron por profesionales. Prácticamente nada en atletismo, nada en fútbol o baloncesto ...
Ese año de la olimpiadas de Pekin prácticamente no se habló del tema Owens que con regular periodicidad se menciona con los consabidos errores de siempre. Una vez más vamos a tratar nosotros el tema a través de diversas traducciones realizadas por nuestro colaborador A. V.
Antes sin embargo vamos a reproducir un texto insólito: «En el año 1936 se hallaba Alemania en la cúspide de su prestigio internacional. Los Juegos Olímpicos que en aquel año se celebraron en BerIín atrajeron a numerosos visitantes extranjeros ... Ejemplar durante aquellos días fue también la actuación pública de Hitler. Todos los discursos que pronuncio fueron moderados, llenos de fe en la paz y muy amables en cuanto hacía referencia al extranjero. Llego incluso al extremo de estrechar cordialmente la mano y felicitar al vencedor de los 100 metros lisos, el negro Jesse Owens». (Hjalmar Schacht, "Memorias", Editorial Ahr, Barcelona 1954, pag.361 y 362).
Dado
que Schacht era ministro con Hitler y además enemigo suyo, un testimonio de
esta naturaleza debería ser la prueba definitiva de lo que paso realmente.
Pero sin embargo hay que rendirse a la evidencia de que el texto de Schacht es
tan falso como los que afirman que Hitler se negó a saludar a Owens. Vamos a
conocer la verdad:
«El Presidente del Comité Olímpico Nacional (alemán) VViIli Daume con ocasión de la inauguración en el año 1984 de una calle de Berlín con el nombre de Jesse Owens reitero públicamente la verdad: la recepción de ganadores de la medalla de oro por parte de personalidades políticas de Alemania había suscitado entonces críticas por parte del Comité Olímpico Internacional. Por deseo de su Presidente, Baillet-Latour, se suspendieron otros recibimientos por parte del Canciller del Reich, puesto que a juicio del COl la política y el deporte debían mantenerse estrictamente separados. Por esta causa no hubo "apretón de manos" oficial para Owens». (yorsicht Fäilschung, Dr. Gerhard Frey (Herausgeber) FZ-Verlag GmbH, Munchen, 1991).
«En 1936 se celebraron en Berlín los XI Juegos Olímpicos de verano en los que participaron 51 naciones. Fueron inaugurados por el Canciller del Reich Adolf Hitler el 1.8.1936.
«Uno de los vencedores más destacados entre los participantes olímpicos fue el negro americano Jesse Owens que ganó en Berlín cuatro medallas de oro para los Estados Unidos ... Sobre el deportista negro Owens se expandió en todo el mundo una estúpida mentira en relación a Hitler. Se decía que Hitler se había negado a dar la mano a Owens así como a felicitarle por la medalla de oro.
«Esta falsedad fue reforzada después de 1945 por Baldur von Schirach, antiguo Jefe de las Juventudes del Reich. Tras 20 años de prisión en Spandau publico un libro con el título "Ich glaubte an Hitler" (Yo creí en Hitler) (2). En letra pequeña se puede leer:
"Documentación: Jochen von Lang". Este Lang es un redactor de la revista "Stern" (nombre verdadero Piechorski) que seguramente ha aportado "toda clase de ayuda". Schirach escribe (pag. 217): "La estrella de los JJ.OO. de 1936 fue el velocista Jesse Owens, un americano de color. Cuando Hitler se encontraba en el Estadio, felicitaba a los vencedores en su palco. Cuando Owens ganó la carrera de los 100 metros, Hitler dijo: los americanos deberían avergonzarse al dejar que sus medallas las ganen los negros. Yo no le daré la mane a ese negro".
«Esto es pura imaginación. En realidad en ningunas olimpiadas los Jefes de Estado de los países organizadores ofrecían el homenaje a los vencedores ni colocaban las medallas. Solamente podían efectuar el homenaje el Presidente del COl o un representante designado por el. Cuando desconociendo esta costumbre, Hitler invitaba al principio a los vencedores a su palco para felicitarlos, el Presidente del COl, conde Henri de Baillet-Latour, hizo saber a Hitler que no deseaba tales felicitaciones. Hitler toma debida nota y se atuvo en adelante a tal instrucción. Por ello tampoco recibió después a Jesse Owens ...
« ... En su libro titulado "Blackthink” (3) Owens no ha escrito una sola palabra sobre que se le hubiese denigrado en las Olimpiadas de 1936. Por el contrario, escribe mucho sobre su desgracia personal y su discriminación como negro en los Estados Unidos. Poco antes de su fallecimiento efectuó una expresa rectificación ante la agencia de noticias norteamericana "Associated Press" (AP) (4). En ella confirmó no haber sido discriminado por Hitler.
«Willi Daume, Presidente en funciones del Comité Olímpico de la Alemania Occidental, que había participado en los JJ.OO. de 1936 como miembro del equipo de Baloncesto (5), también efectuó la rectificación en el año 1984 durante un aperitivo ofrecido con ocasión del cambio de nombre de la berlinesa "Stadion-Allee" (Avenida del Estadio) por la de "Jesse-Owens-Allee" (Avenida de Jesse Owens).
«El "cazador de nazis" Simon Wiesenthal había exigido ya desde hacía años este cambio de denominación en concepto de "reparación" (!) a Jesse Owens. El diario "Die Welt" escribió entonces: "Willi Daume rectifica una antigua leyenda". Naturalmente, Wiesenthal se escandalizó: "De una reparación a Jesse Owens se ha pasado a un rescate de la reputación de Hitler".» (6)
("Richtigstellungen zur Zeitgeschichte", Cuaderno 1. Dr. Heinrich Wendig. Grabert-Verlag. Tübingen).
«El 30 de marzo de 1980 moría, víctima de un cáncer de pulmón, uno de los atletas más famosos del mundo: Jesse Owens ... Toda la ciencia del cuadro médico del Hospital Universitario de Arizona fue insuficiente para impedir la muerte, que ya estaba cantada desde varios meses antes, del gran triunfador. […] Dice Washington Irving que "la historia se convierte en leyenda; con la duda y la controversia los hechos se esfuman en el recuerdo; la inscripción se borra de la lapida; la estatua cae de su pedestal". Ocurre que en el caso de Owens hay muchos avispados que pretenden lo contrario: que la leyenda se haga historia. [...] En el caso de Jesse Owens se ha querido presentar como veraz una burda mentira: que Jesse Owens fue despreciado por Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín. [...] Nada más falaz. Precisamente por aquellos días de la muerte de Owens uno de estos historiadores, creo que el señor Jaime Miravitlles, afirmaba seria y orgullosamente, que "ha quedado constancia grafica de una mano negra tendida y desdeñada altivamente".
Si no es exacta la frase, fue muy parecida la que se publicó en "Destino" por aquel tiempo. Otros ¿historiadores? no sólo antinazis, sino también falsarios e injustos, han sostenido que la escena fue así, más o menos. [ ... ] En la copiosa bibliografía olímpica, e incluso en los libros en que se ha contado la biografía de Jesse Owens, figura la hazaña de sus dos hechos estelares. Uno, en el Estadio de Ann Harbor, en Michigan, el 25 de mayo de 1935; otro, la cuadruple conquista de las medallas de oro ganadas en Berlin. [ ... ) Ocurrió que, en el primer día de competiciones atléticas, dos atletas alemanes (Hans Wöllke y Tilly Fleischer) conquistaban títulos olímpicos. En el caso de la segunda, que ganó el lanzamiento de la jabalina, no se daba la misma circunstancia que en el primero. Resultaba ser la primera vez que un atleta masculino alemán conquistaba la medalla de oro. Esto entusiasmó a Hitler que, convencido de la superioridad de la raza aria sobre las demás, se sentía orgulloso de ambas victorias. En su criterio, los triunfos afianzaban su creencia. Y ordenó que ambos campeones fuesen conducidos a su presencia para felicitarles personalmente.
«Casualmente, la orden coincidió con el final de la carrera de 10.000 metros, y el vencedor, el finlandés Salminen fue invitado también a acudir al palco de honor. Hitler, deslumbrado y feliz, saludó efusivamente a los campeones. Bill Henry, historiador norteamericano que goza de amplio y merecido prestigio en el Comité Olímpico Internacional, escribió en su libro "Historia de los Juegos Olímpicos": "En toda la historia de los JJ.OO. ningún atleta alemán masculino habíase adjudicado jamás un titulo de atletismo. [ ... ) Un atleta alemán, Hans Wöllke, batió el record olímpico en su segundo tiro en el lanzamiento de peso. [ ... ] Para mayor sensación, un compatriota suyo, Gerhard Stock, clasificose tercero. Por esta razón, cuando se izaron las primeras banderas victoriosas en los tres mástiles de honor, dos de ellas llevaban la cruz gamada. La excitación de la gran masa alemana alii presente no conocía límites, incluyendo al propio Hitler. Un oficial del partido acompañó a los dos atletas germanos al palco presidencial y la multitud rugía entusiasmada cuando Hitler felicito personalmente a los dos héroes alemanes.
«La final siguiente fue la de 10.000 metros lisos, en la que coparon los primeros puestos tres finlandeses, siendo igualmente escoltados hacia el palco presidencia!. Luego, el espíritu nacional alemán vibró a mayor altura todavía cuando dos muchachas, Tilly Fleischer y Louise Kruger, superaron la doble hazaña de sus compatriotas masculinos, logrando los dos primeros lugares de lanzamiento de jabalina. También ellas fueron felicitadas por el Führer, que hasta entonces había seguido todas las competiciones can marcado interés.
«A continuación venían otras pruebas, pero eran clasificatorias y sólo quedaba por disputar en aquella misma tarde una final, la del salta de altura masculino. Fue una prueba de bastante duración, según sucede cuando se presentan muchas participantes de clase. El último atleta alemán había sido ya eliminado y empezaba a oscurecer. Por lo visto Hitler no tenía intención de aguardar hasta el final de la prueba y se marchó.
«El saldo de altura fue ganado por el atleta Cornelius Johnson, un negro americano; es decir, los tres primeros lugares fueron para Estados Unidos y el subcampeón, Albritton, era también negro. La ceremonia de proclamación de campeones efectuase, pues, en ausencia de Hitler, Y apenas se habían extinguido en el aire del crepúsculo las alegres notas del "The Stars Spangled Banner", cuando empezó la controversia. ¡Hitler había estrechado la mano a los tres primeros campeones olímpicos -dos de ellos alemanes-, pero no felicito al cuarto, único vencedor de la jornada yanqui y, además, ¡negro!.
«Esta larga reproducción de lo escrito por Bill Henry deja claro que si algún atleta negro fue ofendido por Hitler fue Cornelius Johnson y no Jesse Owens. El conde Henri de Baillet Latour, entonces presidente del COl, dirigió un mensaje a Hitler recordándole que, como patrón de los juegos, era un invitado de honor, y nada más, por lo cual debía estar presente en el estadio todos los días y felicitar a todos los vencedores sin excepción o refrenar en público sus impulsos y no felicitar a ninguno". Hitler respondió que "obro bajo la excitación de la primera victoria nacional alemana y que estaba muy de acuerdo en no felicitar en adelante a ningún campeón olímpico, fuese cual fuese su nacionalidad. Luego circularon rumores de que había felicitado a otros vencedores, particularmente alemanes; pero si lo hizo fue, desde luego, en privado".
«Y Bill Henry concluye de la siguiente manera: "Lo que está fuera de toda duda es que el desairado no fue Owens -que no ganó su primera medalla de oro hasta dos días más tarde-, sino Johnson. Y, sin embargo, surgió la fábula -que aun persiste de que Hitler rehusó dar la mano a Jesse Owens, cuando, en realidad, jamás se encontraron uno frente al otro". (8)
«En el libro "I piu grandi", de Lamberto Artoli, Owens cuenta así el pretendido incidente: "Quiero hacer, en este punto, una precisión importante: todos los periódicos de entonces escribieron que Adolf Hitler, presente durante algunos días en los Juegos, sentado al lado de Goebbels y otros jerarcas nazis, dejo el estadio indignado tras mi victoria en salto de longitud sobre el alemán Long. No es verdad. Cuando, después de haber subido al podio, yo pase delante de Hitler para pasar a los vestuarios, vi al Canciller que se puso en pie y me saludó con un gesto de su mano. Yo lo hice igualmente".(9)
Los espectadores, mayormente alemanes, le aclamaron.
Al respecto, el “Correio do Povo” de 4/VIII/1936, publicó: “Después de
triunfar en los 100 metros, Jesse Owens declaró a los reporteros: “Es difícil
imaginar mi felicidad. Cuando corría , hubo un momento en que me pareció que
tenía alas. Todo el estadio se mostraba tan animado, que me contagió y corrí
con más alegría; pareciendo que había perdido el peso de mi cuerpo. El
entusiasmo deportivo de los espectadores alemanes me impresionó profundamente,
especialmente la caballeresca actitud del público. Pueden decir a todos que
agradecemos la hospitalidad germana.” Era su primera medalla de oro.
Se le invitó a otras competiciones en Alemania:
Finalizadas las Olimpíadas, el Gobierno Alemán patrocinó la exhibición de Jesse y otros atletas americanos en la ciudad de Colonia (Köln). El “Correio do Povo” de Porto Alegre del día 12/VIII/36 publicó: “Jesse Owens durante una entrevista telefónica que mantuvo con la United Press, declaró hoy en Colonia que abandonará su viaje a través de Europa y que seguirá lo más pronto posible para los Estados Unidos, para estudiar diversas propuestas que recibió para ingresar en el profesionalismo.”
Después de Colonia, la delegación americana fue invitada a Noruega y Suecia, sin embargo Jesse rehusó participar. No se tiene aún datos concretos sobre lo que ocurrió con él en éste período. La verdad es que él fue suspendido por la Asociación Atlética de los Estados Unidos, regresó a su patria, donde no fue recibido con banda de música, ni trompetas, ni homenajes; abandonó su curso universitario y firmó un contrato de— ¡director de conjunto musical! ¡Y nunca más compitió!!! Es muy raro todo éso, Uno de los mayores atletas de todos los tiempos, héroe celebrado por los alemanes e ignorado por su patria al volver. ¿No habrá sido justamente por éso que la prensa internacional lo ignoró?
El propio Jesse Owens afirma en sus memorias que recibió una felicitación
oficial por escrito del gobierno alemán, y que sin embargo el presidente
Franklin Delano Roosevelt no lo invitó a las celebraciones en la Casa Blanca,
puesto que estaba inmerso en las elecciones y necesitaba el voto blanco del
sur. Terminados los juegos olímpicos, Owens regresa a su patria donde no
fue bien recibido; sin banda de música, ni trompetas, ni homenajes y después
de un parada de la bolsa de Nueva York en su honor, Owens vuelve a su trabajo
de botones en el hotel Waldorf-Astoria.
Owens fue suspendido por la Asociación Atlética de los Estados Unidos,
abandonó su curso universitario y nunca más volvería a competir. Más tarde
contaría: "Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias que se
inventaron sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús en
mi propio país. Volví a la puerta de atrás. No podía vivir donde quería. Ni
siquiera fui invitado a la Casa Blanca a darle la mano al Presidente de mi
país."
El entonces presidente de los Estados Unidos de América, Franklin Delano
Roosevelt, se rehusó recibir a Owens en la Casa Blanca. Roosevelt se
encontraba en campaña de re-elección y temía las reacciones de los estados del
Sur (notoriamente segregacionistas) en caso de rendirle honores a Owens. Este
comentó más tarde que fue Rossevelt quien lo trató con brusquedad y que en la
Alemania de Hitler fue tratado con más respeto que en su propio país.
El propio Owens contaba a Robert Pariente, reputado
periodista del diario francés "L'Equipe": "La política nos dejaba fríos, y
nosotros nos burlábamos de los comentarios despreciativos que los nazis
proferían con respecto a nosotros. Sabíamos que nos llamaban "los auxiliares
africanos de los norteamericanos". Esto aumentaba nuestra motivación. En
cuanto a la leyenda según la cual Hitler rehusa a estrecharme la mano, hay que
descartarla definitivamente. Yo no tuve jamás la ocasión de acercarme a este
personaje, al que he visto de lejos, y tampoco lo he deseado. El estaba en su
palco de honor y yo sobre la pista o en la tribuna de atletas. Y así está
bien".(10) [ ... ] (Pedro Escamilla, "El Alcázar", Madrid, 5-4-1984 pag. 20).
James Cleveland Owens nació el 12 de septiembre
de 1913 en Oakville (Alabama). Fue el séptimo de los once hijos que tuvieron
Emma y Henry Owens, un granjero hijo de esclavos. A los ocho años se muda con
su familia a Cleveland (Ohio) y fue bautizado Jesse en esa ciudad por una
maestra que no lograba entenderle a Owens cuando le decía que se llamaba “J.C”
debido al acento que traía desde Alabama.
Comenzó su carrera dentro del atletismo en 1928. Representando a la East
Technical High School, Owens bajó la marca intercolegial de salto en alto e
igualó la de 100 yardas (con 9.4 segundos) en 1933. Con estos antecedentes,
muchas universidades trataron de convencer a Jesse para que formara parte de
sus equipos, sin embargo, el atleta estadounidense se inclinó por la Ohio
State University, donde consigue trabajo para él (mientras tanto se dedicó a
diferentes oficios, fue zapatero y repartidor de verduras, entre otras cosas)
y para su padre. Durante esa época, sufre los efectos de la segregación racial
en Estados Unidos y en viajes con el equipo de la Universidad se ve obligado a
comer en restaurantes para negros y a utilizar las puertas de servicio y
escaleras de emergencia para acceder a los hoteles.
En 1935 Owens pasa al primer plano del atletismo
internacional al obtener cuatro récords mundiales en cuarenta y cinco minutos:
iguala el record mundial de las 100 yardas (91 metros) y rompe las marcas en
salto en largo (ocho metros trece centímetros), 220 yardas llanas (201 metros)
y 220 yardas con vallas.
Terminado su segundo año como universitario, Jesse sentía que podía rendir más
en un nivel de mayor exigencia y es por eso que decide formar parte del equipo
estadounidense que participaría en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936,
conocidos también como las “Olimpíadas de Hitler”. Alemania esperaba por una
de las proezas más grandes del deporte mundial.
La capital alemana fue testigo de las cuatro medallas doradas obtenidas por
Owens en el Estadio Olímpico. El estadounidense triunfó en los 100 y 200
metros, salto en largo y fue clave en el equipo de los Estados Unidos que
obtuvo la victoria en la posta 4×400.
Pasados los Juegos Olímpicos de Berlín, la situación de la familia Owens
siguió siendo delicada como siempre. En Estados Unidos no le ofrecieron ningún
tipo de trabajo debido a su color de piel, lo que llevó al atleta a
convertirse en corredor por alquiler. Así, compitió contra caballos,
motocicletas, jugadores de béisbol (a quienes daba 10 yardas de ventaja antes
de batirlos) y hasta llegó a hacer exhibiciones en la previa de los partidos
de Ligas deportivas. Su autopromoción acabó eventualmente convirtiéndole en
relaciones públicas en Chicago, incluyendo una larga temporada como
pinchadiscos de música de jazz. Se casó con su novia de siempre, Ruth
Solomon, y tuvo tres hijas: Gloria, Beverly and Marlene.
Owens recibió en 1976 la Medalla de la Libertad de manos del presidente Gerald
Ford. En los años previos había trabajado de todo tipo de cosas y se había
destacado como “Embajador de la buena voluntad” dando charlas en diferentes
empresas y a deportistas como parte de un programa del Comité Olímpico de
Estados Unidos
NOTAS:
2 Baldur von Schirach: "Ich glaubte an Adolf Hitler". Mosaik- Verlag, Hamburg, 1967.
3 Jesse Owens: "Schwarze Gedanken. Ein Leben als schwarzer und weisser Mann". Schropp-Verlag, Dortumund, 1972.
4 Recogido abreviado en "Tampa Tribune" de 1.4.1980 pag. 1 y en la revista "Newsweek" de 14.4.1980.
5 Revista "Der Spiegel" nº 1, 1986, pag. 133.
6 Periódico "Die Welt", citado en "Mitteilungen Freundeskreis der Stiftung Soziales Friedenswerk", Steiermark, nº 2, 1985.
7 "Historia de los Juegos Olímpicos" ("An approved history of the Olympic Games"). Bill Henry. Traducción esp. Colec. Herakles. Barcelona, 1955. pags. 296, 297 y 298.
8 Idibem.
9 "I piu grandi". Lamberto Artioli. Ed. Sonzogno (Reproducido en "la Gazzetla dello Sport", 24-12-1980. Milan).
10 "I'Equipe", 1 abril 1980. Pag. 9. R. Pariente.
A continuación un video sobre todo lo comentado
CUANDO LOS NAZIS AVIVABAN LA ANTORCHA
Este
es el título de un artículo aparecido en el "Sunday Telegraph" británico el 21
de Julio de 1996, y que narra las experiencias de atletas negros y judíos que
tomaron parte en las Olimpiadas de Berlín. Para escribir dicho artículo, el
periodista recoge las experiencias que narran atletas que participaron en
dichos juegos y que se reunieron en Washington, en vísperas de los Juegos
Olímpicos que tenían lugar en Atlanta, para participar en un seminario sobre
los "peligros que hay cuando la ideología se mezcla con el deporte". Para que
las mentes más simples no tengan la menor duda de a que "peligros" se refiere
dicho seminario, este tiene lugar en el recientemente inaugurado "Museo
Nacional del Holocausto".
El seminario se abre con una frase elocuente:
«Hemos tenido los juegos comunistas, después los capitalistas. Atlanta parece ser la Olimpiada de la Coca Cola, pero eso es mucho mejor que las Olimpiadas nazis", dice Ruth Mandel, del US Holocaust Memorial Council».
Evidentemente, Hitler y los suyos pueden estar satisfechos. Querían impactar al mundo y lo consiguieron. En cien años de Olimpiadas, no cabe duda que las de Berlín son las más famosas. Pero sigamos con el artículo:
«John Woodruff, muscular y de barbilla amplia, ligeramente encorvado a la edad de 81 anos, permanece de pie ante un mural fotográfico de los Juegos de Berlin ( ...)
«¿Que le pareció a un "joven campesino" -tal como el mismo se califica- negro de Connellsville, Pennsylvania, competir en un lugar donde la supremacía de la raza aria era la encarnación misma del Estado?
«Su respuesta fue sorprendente: el parecía gustar a los alemanes. "No puedo decir que obtuvimos muchos comentarios negativos. Yo nunca fui llamado por la calle "negro" o nada parecido. Habíamos embarcado en el SS Manhattan y fuimos tratados como reyes desde el momento en que llegamos a Hamburgo".
«[ ... ) "Conocí [en la Villa Olímpica] a un atleta alemán; era un nazi entusiasta. Le dije que había demasiada propaganda; ¿que estaban intentando ocultar? El dijo que Hitler estaba haciendo un buen trabajo. Yo sabía que él estaba allí y sentía sus ojos en mi espalda, pero ello no me molestaba. No nos preocupamos demasiado de Hitler. De lo que realmente estábamos preocupados era de ganar".
«Woodruff fue uno de los 18 atletas negros que Estados Unidos envió a los Juegos. Canadá envió dos».
Si la respuesta de Woodruff sorprendió al periodista, de seguro que no lo ha hecho a los lectores de nuestras "cartas". Woodruff ganó la prueba de los 800 metros lisos.
«"Hitler no me dio la medalla personalmente, sino un grupo de chicas alemanas. Fuimos tirando bien. No éramos realmente conscientes del elemento racial hasta que los Juegos quedaron atrás. Después todo salió a la luz. ¿Sabe Vd. que los nazis dijeron que los americanos habían ganado esas medallas porque habían usado "auxiliares negros"?
«"Ganar
la medalla de oro fue lo mejor que he hecho en mi vida. Estoy orgulloso por
mí, por mi pais y por mi raza"».
¿Se imagina el lector que pasaria si esto mismo lo dijera un atleta de raza blanca? Sigamos ahora con el omnipresente tema de Jesse Owens.
«Hitler renunció el segundo día a dar las medallas personalmente, y sólo se reuniría con vencedores alemanes en privado.
«La hija de Jesse Owens, Marlene Owens Rankin, de 50 años, contó como su padre regresó a América hecho un héroe, pero no pudo encontrar trabajo».
Bueno esta que el artículo exponga que Hitler no hacía entrega de medallas; sin embargo, lo que casi todo el mundo "sabe" y cada cuatro años se "recuerda" es que el Führer se "negó" a entregar medalla alguna a Owens.
«Los dos corredores de relevos de 400 metros, Marty Glickmann y Sam Stoller, los únicos judíos en el equipo de corredores de pista y campo a través, no fueron autorizados por su propio pais a competir en el último minuto. ¿Fue la presión alemana? Este incidente todavía reside en la raíz de la equivocación americana respecto a su participación en los "Juegos de Hitler"».
No creo que ni el propio periodista crea que Alemania pudiera "presionar" a los Estados Unidos indicándoles quien debía competir y quien no. De lo contrario Estados Unidos no habría ganado ni una sola medalla. ¿No será más bien que esos dos atletas estaban en el equipo debido a la "presión judía"? ¿No será más bien que en el "último minuto", los Estados Unidos prefirieron sustituir los criterios políticos por criterios deportivos y colocar en su lugar a dos corredores con más posibilidades de victoria? ¿No será que los mismos judíos prefirieron no arriesgarse a ser derrotados por sus enemigos declarados? Sin embargo, el periodista prefiere dar crédito a la tesis de los "prejuicios antisemitas", de probada rentabilidad.
Sigamos:
«La exhibición de Washington dejó claro lo mucho que debe la imagen actual de las modernas Olimpiadas a la Alemania nazi: el portentoso relevo de la antorcha desde Atenas, llevado a cabo por primera vez; el clasicismo degradado; la entrada de las delegaciones nacionales con elegantes uniformes; revoloteo de palomas.
«[ ... } Los judíos fueron apartados del deporte organizado por las Leyes de Nuremberg de Pureza Racial, de 1935. Frederick W. Rubien, Secretario del Comité Olímpico de los Estados Unidos, dijo en la víspera de los Juegos: "Los alemanes no están discriminando a los judíos. Los judíos son eliminados porque no son lo suficientemente buenos como atletas".
«Margaret Lambert estuvo en la conmemoración de la semana pasada para contar una historia diferente. Ella creció como Gretl Bergmann -la única chica judía en el equipo de entrenamiento olímpico alemán. Sesenta años atrás, cuando tenla 19, era una de las mejores saltadoras de altura del mundo.
«[ ... } "He venido aquí esta noche y he encontrado supervivientes de los campos con tatuajes en sus brazos. Lo que les sucedió a ellos hace que mi experiencia parezca muy banal. Yo fui autorizada a competir en los Juegos Olímpicos. La mayoría de las otras chicas eran fervientes nazis, pero parecían aceptarme".
«"EI pensamiento de competir por la gloria de la Alemania Nacional Socialista me atormentaba, pero deseaba mucho competir. ¡Quería demostrar lo que podía hacer un judío!".
«"Creo que los nazis me necesitaban como judía simbólica, una especie de adorno para superar la oposición política de Estados Unidos. Obtendrían una victoria propagandística si lo hacía bien, y lo mismo si yo fracasaba. ¡Pero el mismo día que el equipo americano se hizo a la mar me echaron del equipo de entrenamiento!".
«Bergmann fue autorizada a asistir a las Olimpiadas como espectadora. Abandono la Alemania nazi en 1937 y nunca volvió. Sus padres salieron un año después.
«El Comité Olímpico Alemán le pidió ser su invitado de honor en los Juegos de Atlanta. La semana pasada ella accedió».
Con esta muestra del nacional masoquismo alemán se cierra el artículo de "The Daily Telegraph", que sin duda echa nueva luz sobre el controvertido tema de las Olimpiadas de Berlín.